Propinas: ¿picardía o rapidez?

No hay una regla escrita sobre el criterio en la aplicación de propinas y, en particular, en su aplicación en el servicio de barra: a veces se escuchan comentarios que generan una cierta confusión respecto a si la situación actual es mejor, igual o peor respecto a épocas pasadas.

Nos estamos refiriendo a una costumbre que ha ido a más, y sobre la que cada empresario debería reflexionar: la costumbre es entregar las vueltas el pago de una consumición en mano… con el ticket, pero en mano…; y este modelo de actuación desmotiva al consumidor a que pueda dejar un pequeño incentivo en retribución por el servicio porque, incluso, no sabría donde dejarlo… ya que encima del mostrador no es la forma adecuada.

Hemos pasado desde la picaresca de que en el cobro de una consumición te devolvían “un exceso de moneda fraccionaria” con el que implícitamente se pretendía el que se pudiera generar una propina, a unas costumbres de cobrar y devolverte (ticket y monedas) en la mano, algo que genera la incomodidad de separar el ticket (a veces sin sitio para depositarlo) y (probablemente) las pocas ganas de premiar un servicio…; y todo ello con independencia de que posiblemente este sistema de retornar las vueltas del cobro no es una muestra del mejor servicio; aunque viéndolo fríamente el mayor perjudicado es el propio trabajador (y también la empresa aunque indirectamente, pues una cuantía interesante de propinas siempre constituye una motivación más para un mejor servicio).

En definitiva, la cortesía del servicio (y las costumbres) aconsejan que la devolución de los cambios sea en un soporte (platillo); incluso, por propio egoísmo, el asalariado debería reflexionar respecto a que el procedimiento de entregar las vueltas en mano, puede resultar perjudicial para sus intereses.

Es una opinión… pero puede haber otras.