Optimismo, Pesimismo, Realismo

No cabe desconocer la importancia que tiene el Sector Hostelero para la economía de un país: concretamente en Bizkaia, entre autónomos y asalariados, se alcanza un nivel de ocupación laboral que se acerca a las 32.000 personas, y que durante los últimos 5 años ha crecido alrededor del 11%, incluso en una época de crisis.

Tampoco cabe desconocer que en este crecimiento o afianzamiento del empleo, el flujo de visitantes turísticos y la tolerancia en la instalación de terrazas, ha tenido una especial incidencia. Pero, aún siendo esto así, no debemos ignorar, y lo digo sin la más mínima nota de pesimismo, que ante nosotros existe un escenario complejo y que el futuro en modo alguno lo tenemos asegurado:

  • En primer lugar el consumo se ha diversificado, y lo seguirá haciendo, ya que han aparecido múltiples opciones de alimentación que antes no existían, y algunas de ellas actúan en un escenario de precios y materias primas muy competitivos frente a lo que podríamos denominar un servicio de alimentación más tradicional.
  • Por otra parte, las relaciones laborales tienden a complicarse, y no lo digo exactamente por las relaciones personales que puedan existir entre empresa y trabajador. La dureza de la legislación laboral a veces no está siendo suficientemente respetada, y en el momento en que se aplique con una cierta literalidad, surgen conflictos que en el futuro se pueden agravar. Desconocer lo evidente en nada va a ayudar a que tomemos las decisiones adecuadas para sobrevivir en este escenario. Tengo la impresión de que el cumplimiento literal, sin matices, del marco normativo, podría generar una conflictividad y una relevante pérdida de empleo: ¿qué empresa no se va a resentir en un escenario que no permite adecuar al máximo los modelos de contratación evitando incurrir en situaciones problemáticas?. Que cada uno haga una reflexión interna y analice su propia situación.
  • Para ayudar en esa reflexión, un dato: por cada trabajador autónomo y asalariado, deben existir unas ventas mínimas en función al tipo de actividad, al ratio de consumo de materias primas que tenga en su actividad y a la condición de arrendatario o propietario del negocio. Valorando estos factores, uno puede llegar a conocer cuáles son las ventas necesarias por trabajador para alcanzar el umbral de rentabilidad. Otro dato: el coste medio por trabajador (a jornada completa) sin deslizamientos, sobrepasa los 28.000 € (unos 16 €/hora); y añádase que en el calendario laboral español se totalizan unos 143 días de descanso, luego sólo quedan 223 días presenciales: calcular el coste/día por trabajador está al alcance de cualquiera.
  • Luego está la complejidad de la dependencia institucional: cada vez más, la vigilancia de la salud, de la higiene, de la seguridad de los alimentos, de las personas y de los establecimientos, exige incorporar inversiones que no siempre están al alcance de la empresa.

Todo lo anterior es lo que me genera la duda respecto a si realmente la crisis se ha superado o estamos a las puertas de un escenario que nos va a generar trabajo y complicaciones que, sólo con la gestión y la adaptación de las empresas a esta situación, se podrá superar.

Ángel T. Gago,

Presidente